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  • Juan Pablo Gaitán Vélez

TRAMPAS DE CONEJO


En tan sólo unos pocos minutos, uno de los líderes de una importante planta de producción, consiguió solucionar un reto planteado, que apenas el 1% de los equipos con que he trabajado logra resolver.

Lo que más me llamó la atención fue lo que respondió cuando le preguntamos, sus sorprendidos colegas, y yo, qué le había ayudado a hacerlo:

“Sin duda, la formación académica es fundamental. Sin embargo hay un tipo de conocimiento, muy importante, que solemos pasar por alto o ignorar. Es el de las experiencias de la vida y en particular aquellas que parecen irrelevantes y que si uno esta atento y sabe conectar, pueden contribuir inclusive con una gran solución.

De pequeño jugaba en el campo a armar trampas para atrapar conejos. Conecté ese recuerdo con el momento actual y pensé: ¿Qué tal si aplico el principio que utilizaba para construir las trampas, para hallar la respuesta?”

Y funcionó. ¡Tremenda asociación! ¿un ejemplo clásico de pensar fuera de la caja?

Revisemos lo de “pensar fuera de la caja”. Solo por especular. La caja esta elaborada a base de paradigmas de diversos calibres y materiales que se mezclan con una serie de hábitos y comportamientos que la hacen resistente en menor o mayor proporción y las hay de varios tipos:

Está la clásica caja de cartón. Modelo inicial donde empezamos a encerrarnos con ciertos pensamientos limitantes como: parece difícil, no sé si pueda lograrlo, me faltan recursos. Sus paredes son relativamente frágiles; están hechas de excusas que pretenden validar el no querer intentarlo, pero que se pueden deshacer con el incremento de la confianza en uno mismo y la buena actitud que se refleja en la voluntad permanente de querer enfrentar los desafíos.

Pasamos a la muy apetecida caja de plástico, Fabricada con una resina pegajosa de fácil adquisición denominada “zona de confort”. Es flexible, aparentemente liviana, tiene cierto grado de transparencia y brinda una sensación de comodidad frente a las circunstancias que nos lleva a pensar que ya es suficiente. Nos introducimos en ella con la idea de: ¿para qué intentarlo?, ¿es necesario algo diferente?, así como lo venimos haciendo funciona. Disolverla implica un gasto adicional de energía, atreverse a retar el statu quo, desarrollar nuevas habilidades, crecer…

Más vale que nos lo pensemos, si cada vez se limita más el consumo de plástico y resulta bueno para el medio ambiente, también puede serlo para la salud mental y la creatividad.

Elevamos el nivel a la caja de concreto; más rígida, más pesada y un poco más costosa. Se va formando por la inacción recurrente que denota graves signos de impotencia infundada por pensamientos del tipo: es imposible, jamás lo conseguiré, no sé cómo hacerlo, ¿qué tal si fracaso?. Romperla implica taladrar con firmeza la dura estructura de los condicionamientos propios o prestados, asumir el valiente rol de emprendedor, confiar en que sin importar el resultado, habrá aprendizaje, entender que uno no esta solo, que afuera hay muchos dispuestos a ayudar.

Llegamos con dedicación a una caja más sofisticada a la cual debemos prestarle bastante atención: La caja fuerte. Lleva bastante tiempo construirla y se invierte mucho en ella, por lo cual se le toma aprecio. Su solidez está respaldada en el conocimiento que provee la academia, donde cada título que se obtiene agrega una lámina más de espesor y por los años de experiencia que otorgan un sentido de superioridad y sensación de: ¡Ya lo sé todo!

Sin duda tenemos la llave o la combinación para abrirla, pero el EGO (cerradura extremadamente poderosa) nos impide hacerlo. Para deshacerse de ella se requiere trabajar con herramientas de corte preciso y que parecieran ser de uso restringido: HUMILDAD, curiosidad y mente fresca de principiante, importantes a todo nivel y a menudo muy escasas.

Y por último está el acuario; caja de vidrio que puede llegar a ser aún más peligrosa que la caja fuerte. Es en el mejor de los casos una gran aproximación a la realidad. Todo se ve perfecto y muy bien ubicado en su sitio, el esmero que hemos puesto en cada detalle nos hace sentir engañosamente en el mundo ideal y hasta las burbujas le dan al ambiente un toque especial de frescura… hasta que llegamos al borde y ponemos la nariz contra el vidrio. Descubrimos que NO es la realidad.

Al otro lado de esos muros invisibles hay mucho más. Si queremos liberarnos de ellos, asegurémonos de hacerlo en el espacio adecuado para que no vayan a morir por falta de aire las ideas. Hagámoslo en el océano de las posibilidades infinitas que nos permite sumergirnos en sus profundidades para realizar grandes hallazgos. Apostémosle al plancton de las “pequeñas” ideas que pueden llegar a alimentar a las más grandes de ellas. Seguramente habrá tiburones y otras bestias rondando por ahí, pero la aventura vale la pena.

¡DESPEDACEMOS LAS CAJAS!, dejemos volar la imaginación, mantengámonos lo más posible fuera de ellas. Si estamos pensando en contar con talento de primera para nuestro equipo u organización, sería bueno preguntar de entrada a esa nueva persona: ¿sabe usted armar trampas de conejo?, tal vez nos ayude a resolver retos que desafían la imaginación.

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