ConCiencia, manejo del estrés

El estrés, un villano al que le hemos adjudicado la mayoría de nuestras enfermedades, problemas y conflictos, ¿realmente qué es?


El estrés es uno de los sistemas de alarma, protección y afrontamiento más sofisticados con el que contamos. Gracias a los sentimientos y pensamientos de alerta que disparan estímulos externos o internos, se generan una serie de reacciones químicas y fisiológicas en el cerebro que activan el sistema parasimpático, liberando cortisol cuando nos sentimos amenazados o en peligro. Nuestro cuerpo y sentidos se preparan para hacer frente a lo que nos amenaza o para emprender la huida.


Se distinguen dos tipos de estrés en función del grado de impacto que tienen los diferentes estímulos y las respuestas que damos a ellos: estrés relativo y estrés absoluto.


Si el factor de estrés es relativo, es decir, que no representa una amenaza para nuestra supervivencia, como por ejemplo un ruido intempestivo, la urgencia de un proyecto por entregar, cumplir a tiempo una cita o entrar en un trancón, se activa el cerebro para solucionar o afrontar la situación, aumenta la memoria, dispara la creatividad y detona la atención, entre otras.


Si el factor de estrés es absoluto, es decir, cuando nuestra vida corre peligro, como por ejemplo sufrir un accidente, ser víctima de un asalto o encontrarse en medio de un terremoto… se genera una reacción física de preparación: se dilatan las pupilas, el cerebro lleva sangre a los músculos, aumenta la presión sanguínea, el estómago y los riñones dejan de trabajar, el corazón aumenta las palpitaciones, los pulmones aumentan la creación de oxígeno, generando un gran gasto energético y disminuyendo la memoria y la capacidad de razonar para hacer frente a la lucha o a la huida.


Sabiendo esto, el estrés ya no se ve como “el villano en la película de nuestra vida”, sino como el “héroe” que realmente es... Entonces ¿Cuál es el verdadero villano?


Foto de Karina Carvalho en Unsplash


El ser humano tiene grandes ventajas adaptativas como lo son el lenguaje, el pensamiento y la construcción de realidades, pero estas ventajas también son las responsables de crear auto amenazas, esto sucede cuando hemos perdido la capacidad de estar presentes en el aquí y en el ahora, prestando atención a todo cuanto sucede.


Esta falta de conciencia hace que se generen pensamientos de alerta, nuestro cerebro nos confunde y reaccionemos a un evento que no genera una amenaza real (factor de estrés relativo) como si nuestra vida estuviera en peligro (factor de estrés absoluto) y si a esto le sumamos la creación de emociones que se generan en este estado, entre ellas: ansiedad, rabia, agobio, pasión, culpabilidad y tristeza, tenemos un coctel perfecto para que nuestro cuerpo refleje estas condiciones en una enfermedad, dolencia, falta de creatividad, incapacidad de resolver problemas o depresión; todo depende de que tanto vivimos en automático a merced de nuestros pensamientos.


“no nos perturban las situaciones sino nuestra percepción de las mismas”

Epicteto (filosofo de la antigua Roma)

Los últimos descubrimientos en el campo de la neurociencia realizados por diferentes científicos, médicos y psicólogos, entre los cuales se encuentran Richard Davidson, Daniel Goleman, Gary Schwartz, Matthieu Ricard, Antoine Lutz, Richard J. Davidson y Jon Kabat-Zinn, demuestran que, a través de la meditación, se obtienen entre otros los siguientes beneficios:

Influye positivamente en el modo en que el cerebro procesa la información en momentos de estrés y en la obtención de mayor equilibrio emocional.

  • Produce cambios en la estructura cerebral al engrosar ciertas regiones del cerebro como el hipocampo, que es el encargado del aprendizaje y la memoria.

  • Adelgaza la amígdala derecha que regula las reacciones basadas en el miedo y la frustración.

  • Mejora la concentración, relaja la tensión muscular y contribuye a mejorar el estado anímico.

Jon Kabat-Zinn nos dice: “La verdadera meditación es la vida misma”, y esto implica activar la conciencia de todo lo que hacemos, para no caer en la trampa de la interpretación inadecuada que desencadena síntomas de estrés innecesarios y destructores, lo que exige ajustar constantemente nuestra atención y energía para mejorar nuestra vida en todas sus dimensiones.

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